Masonería y Utopía

La Torre de la Armonía

¿Es la Masonería como ideal humano una Utopía?

Antes de responder a la pregunta, vamos a ver de qué hablamos cuando nos referimos a la utopía.

El término “utopía” se usa coloquialmente en el sentido, admitido por todos, de ideal de mejora subjetivo o de intención de cambiar las cosas frente a la situación presente. Es esta una utilización coloquial del término, que popularizó el profesor Tierno Galván, en los momentos iniciales de la transición cuando pronunció aquella  conocida sentencia: “hoy la utopía es necesaria”, refiriéndose a la altura de miras necesaria para reconstruir la convivencia después de los cuarenta años de dictadura.

En este sentido coloquial todo ideal tiene algo de utópico, y la Masonería como ideal de Libertad, Igualdad y Fraternidad, también lo tiene. Sin embargo y comienzo el artículo por la conclusión, la Masonería no es una utopía, ni en el fondo ni en la forma.

Para razonarlo debemos conocer que es la utopía realmente, o que manifestaciones ha tenido a lo largo de la historia.

Cuando hablamos de Utopía, del griego “U Topos”, es decir, “ningún lugar” o “lugar que no existe”, hablamos principalmente de un género literario al que dio nombre la famosa obra de Tomás Moro “Utopía”. Se trataba de una isla legendaria, en la que habitaba un grupo humano cuya forma de relacionarse era considerada paradigma ideal del comportamiento humano y de la convivencia. Pero con independencia de su nombre, el utópico era un  género literario que se remontaba a la antigüedad e incluía obras tan conocidas como “La República” de Platón, o las obras de teatro político de Aritófanes, en el siglo IV antes de nuestra era. En tiempos de Moro, este género, era considerado cómico y las principales críticas que recibió su libro, fueron precisamente que se trataba de un libro divertido. Tuvo una amplia difusión en su época. Ese sentido cómico también lo tuvo en el pasado clásico, donde la propuesta (Las eclesiazusas) de Aristófanes de un gobierno femenino del mundo, causaba gran hilaridad por lo absurdo de la misma.

El género dio origen también a una línea de pensamiento utópico que predica en general:

  • Que existe un modelo ideal al que hay que tratar de llegar.
  • Que el modelo es alcanzable.
  • Que una vez alcanzado, debe de conservarse a toda costa.

En algunos casos estos modelos ideales están relacionados con míticos momentos pasados en los que el ideal existió, siendo corrompido por la maldad humana. Esto ocurre especialmente en las utopías religiosas.

Como vemos los modelos utópicos están más preocupados por la consecución del fin y de su mantenimiento, que de los medios para conseguirlo, con lo cual se acercan peligrosamente a los planteamientos fascistas y totalitarios, que tratan de imponer a los demás un modelo sin consultarlo, y a utilizar la coacción como medio de mantenimiento del modelo.

Por si esto fuera poco ignoran la naturaleza del ser humano que incluye el cambio continuo como motor de su progreso y rechazan el valor de la experiencia propia, invitando a la aceptación de otras experiencias ajenas, sin someterlas a la razón. Son modelos dogmáticos que coartan la libertad del ser humano, y por tanto, radicalmente enfrentados al método masónico.

Todos tenemos presente el resultado del modelo utópico nacionalsocialista alemán y el sueño utópico socialista que se vivió en la antigua URSS en el siglo veinte y que tan penosas consecuencias ha tenido para tantos seres humanos y naciones.

La Masonería no tiene nada de pensamiento utópico ni de metodología utópica. La Masonería no plantea ninguna profecía utópica sobre el advenimiento de una sociedad justa y perfecta en el triángulo de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, con independencia de que aspire a que la acción transformadora de su método entre sus miembros e impregne también a la sociedad en su conjunto, conduciéndola en esa dirección. No existe por tanto un paraíso masónico alcanzable, ni que una vez alcanzado deba ser protegido a toda costa.

La masonería plantea un método para recorrer un camino. Ambos, método y camino, son personales e intransferibles. La Masonería no plantea la transformación de los seres humanos desde una propuesta de ser humano ideal, sino desde la aceptación de los seres humanos tal y como son, y como consecuencia, la sociedad será lo que los seres humanos quieren que sean.

La Masonería somete todas las propuestas a la razón de sus miembros, y nada de lo que plantea puede ser realizado sin su análisis ni consentimiento, con independencia de la naturaleza de lo planteado.

Como seres humanos nuestra obligación es someter las propuestas a nuestra razón y a nuestra experiencia y con esas armas reafirmarnos en nuestra voluntad diaria de vivir en el respeto y la armonía con nuestros semejantes.

IZ

(Artículo cedido amablemente por un miembro de nuestra Resp. Logia Altuna Nº 52. En base al absoluto respeto y libertad de conciencia individual, las opiniones expresadas en el mismo corresponden únicamente a su autor, y pueden no ser representativas de la opinión de otros miembros de la Logia)

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