Masonería y Sociedad

Masonería y Sociedad

A continuación presentamos una adaptación de un pequeño trabajo sobre “Masonería y Sociedad”, que realizaron nuestros Hermanos de la Respetable Logia “L´Egregore del Anjou” en el Oriente de Angers (Francia), que practica el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y que pertenece al Gran Oriente de Francia. En forma de entrevista, trata algunos importantes aspectos relacionados con la implicación de la masonería en la sociedad.

«Trabajar en la búsqueda de la verdad y obrar por el bien de nuestros semejantes»

¿Qué es la Masonería?

La Masonería es universal, pero sobre todo no es algo uniforme. Existen multiplicidad de ritos, de símbolos, múltiples búsquedas personales por parte de diferentes Hermanas y Hermanos. La Masonería está llena de colores, plena de luz y todos los caminos que ella toma deben permitir la mejora del ser humano y de la sociedad en la que este vive.

Mejorar el hombre y la sociedad es un proyecto que debe, ahora más que nunca, animar la voluntad del masón.

Daniel KELLER
Gran Maestro del Gran Oriente de Francia

 

El ritual nos recuerda que la Masonería es el Centro de Unión de personas diferentes y que nosotros, como Masones, debemos esparcir hacia el exterior, por el ejemplo de nuestras cualidades, las verdades que hemos adquirido durante nuestro trabajo personal. Cada uno de nosotros intenta poner en práctica los valores de la Masonería y así es como nuestros hermanos nos reconocen como masones.

Pero ¿cómo trabajáis?

Es verdad que nuestra manera de trabajar puede sorprender al mundo, porque no existe en ninguna otra parte. La masonería trabaja de forma simbólica, a través de un ritual heredado a través de los siglos. Así, lo que nosotros llamamos «la apertura» de nuestros trabajos expresa siempre un triple anhelo:

  • Un deseo general, a saber, realizar una ruptura con el mundo exterior para entrar en otro mundo, en otro tiempo.
  • El anhelo de pertenencia a un ritual, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, por ejemplo.
  • El desarrollo específico de un grado, con el cual vamos a trabajar.

Entonces, incluso antes de comenzar el trabajo, existe lo que podemos llamar una «preparación», una estructura simbólica básica o, por decirlo de otra manera, una matriz estructural. La «apertura» de nuestros trabajos no tiene nada que ver con el inicio de una reunión profesional, de un Consejo de Administración o de un… «brainstorming». Por no hablar de nuestra postura ni de nuestra gestualidad, ni de lo que nuestros símbolos representan.

Y ¿para quién o para qué trabajáis?

La primera respuesta, la primera de todas, podrá parecerte egocéntrica. El masón trabaja, primero, para él mismo, o mejor dicho, sobre él mismo. Como solemos decir, «para edificar su templo interior». Es un trabajo sobre sí mismo, lento, a veces difícil, un camino hecho de idas y vueltas, de progresos y retrocesos, muchas veces inconscientes durante el conocimiento de sí y de los otros, un camino a veces sembrado de trampas, de decepciones, muy a menudo de dudas, pero que en general aporta mucha satisfacción. La siguiente expresión podrá parecerte ambiciosa, pues estamos hablando del “perfeccionamiento moral e intelectual de uno mismo”.

Y ¿eso es solo para ti?

Por supuesto que no. Cuando intento mejorarme a mi mismo es para estar al servicio de los demás en el corazón de la sociedad. El masón no se queda encerrado en sí mismo ni enclaustrado en su Logia; le corresponde, como solemos decir, esparcir fuera del Templo las verdades adquiridas en su caminar.

La Masonería espera de cada Masón en particular que ponga en acción las promesas que hizo de trabajar en la búsqueda de la verdad y actuar por el bien de sus semejantes, pero ella también nos invita a descubrir por nosotros mismos el trazado de vida que conduce al conocimiento.

Por eso prohibe todo proselitismo y nos invita a apoyar nuestra progresión en la transmisión iniciática, tomándonos el tiempo que haga falta. Tiempo que es poco en relación con la instantaneidad y la universalidad de la comunicación. Debemos concretar los ideales de la Masonería a partir de nuestras acciones y las de nuestros Hermanos, a condición de que estemos bien integrados en el tejido social, de que tomemos parte en la sociedad.

La Masonería necesita que los iniciados cumplan las promesas que han realizado respecto a sus semejantes, porque no será más que por sus acciones en la vida cotidiana que ella podrá aportar la prueba de su voluntad de edificar el Templo ideal de la Humanidad.

Para eso debemos trabajar, seguir trabajando, siempre trabajar. La constancia en el trabajo hacia el perfeccionamiento de uno mismo y de la sociedad es el primer criterio de buena salud de nuestra Orden. La búsqueda de la verdad no sufre ningún hastío.

¿Puedes darme algún ejemplo?

Por ejemplo, la mayoría de las obediencias de la francmasonería liberal adogmática, someten al trabajo de sus logias ciertos temas de reflexión.

Se adoptan cada año en el Convento cuestiones de interés General, de interés Masónico o Simbólico, sobre la Laicidad o aún sobre la Paz y los Derechos Humanos y esto para acompañarnos en la edificación del Templo ideal de la Humanidad.

¡Tantas y tantas cuestiones que estudiamos en la logia de manera activa y a menudo asidua!

Pero eso no son más que cosas que se tratan en la logia; ¿no hacéis nada por la sociedad?

¡Esas cuestiones son esenciales pero no las únicas en nuestro trabajo! A través de nuestro quehacer cotidiano, consagrado a la sociedad, es toda la humanidad la que intentamos mejorar. Nuestra percepción del sentido de la justicia, de la paz, de la sociedad, de la fraternidad, etc. nos llevará a elegir formas de vida personales que estén en consonancia con el sentido de nuestra búsqueda. Es sólo a través del compromiso de nuestros Hermanos en la vida profana, como la Masonería puede resultar útil a la sociedad. ¡Lo que se espera es la acción y no el discurso! La masonería, que no puede darse a sí misma como ejemplo, necesita que los suyos actúen de manera ejemplar.

¿En la sociedad profana, trabajáis como masones?

El método de trabajo masónico, si se practica con maestría, permite precisamente revisar cada una de nuestras opiniones, confrontarlas con las de nuestros hermanos, sin que eso sea nada más que un “debate” sereno, una expresión comedida de nuestras diferencias hacia la construcción de una palabra común, incluso de un pensamiento común… pero al mismo tiempo plural, en todo su sentido.

Uno aprende a escuchar a su Hermano, a hablar con criterio, a expresar con convicción su opinión y sus posiciones, estando dispuesto a hacerlas evolucionar y enriquecerlas al servicio de nuestro ideal común.

¿Cómo es el masón ideal?

¡Vaya! ¡Qué lástima! No conozco a ninguno… la verdad es que nunca lo conocí. Me atrevería a recordar una broma de mal gusto: «Ah, ¡qué bella sería la Franc-Masonería sin los Masones!». Pero hablando en serio, yo diría que cualquier Hermano trabaja por un ideal, para mejorar al hombre y la sociedad. Pero lo hace a su ritmo, paso a paso, con paciencia, con rigor, con humildad, cada día, en su Logia y en el mundo exterior, guardando en él la esperanza —a lo mejor utópica pero indestructible— de obrar lo mejor que pueda por el bien de la humanidad.

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