¿Qué es la Masonería?

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La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica, iniciática y progresista, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la ética y la práctica de la solidaridad; trabaja por el mejoramiento material y moral, y por el perfeccionamiento espiritual, intelectual y social de toda la humanidad. Tiene como principios la tolerancia mutua, el respeto a los demás y a uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Considerando que las concepciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo, rechaza cualquier afirmación dogmática en este sentido. Cada Francmasón interpretará la invocación al Gran Arquitecto del Universo según le dicte su conciencia, con el mayor respeto hacia las diferentes interpretaciones y hacia los Hermanos que las sustentan.

Tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

La Francmasonería tiene como deber extender hacia todos los componentes de la humanidad los lazos fraternales que unen a los Francmasones esparcidos por toda la superfície de la Tierra. Recomienda a sus miembros propagar sus ideales a través del ejemplo, la palabra y los escritos, manteniendo en todo momento la necesaria discreción sobre los asuntos internos.

El Método Masónico

Es sencillo y muy antiguo. Se basa en tres pasos escalonados:

  1. El silencio y la introspección del Aprendiz
    Lo primero que aprende un iniciado en la Masonería es a callar. Durante su estancia en este primer escalón de Aprendiz está presente en todos los acontecimientos de la Logi para ver, observar, escuchar y meditar sobre el extenso simbolismo que se despliega delante de sus ojos –no habitual en su vida cotidiana– y sobre los comportamientos de sus hermanos más avanzados en este proceso. Y de todo ello saca conclusiones, aprendiendo e interiorizando. En el R.·.E.·.A.·.A.·. ese silencio interior se lleva también a la Logia y los aprendices no intervienen a no ser que se les pida. En el Rito Francés el Aprendiz no necesita estar en silencio en Logia, pero la labor de introspección, meditación y aprendizaje debe ser la misma.
  2. La actividad del Compañero
    Cuando ha acabado el periodo del silencio, el segundo escalón lleva al compañero, de forma simbólica y real, a viajar, a recorrer el mundo exterior, a visitar territorios, personas y circunstancias en los que probar la existencia del mundo silencioso y más oscuro que ha aprendido a distinguir en el grado de aprendiz. Y de todo ello saca igualmente conclusiones,  para luego, con esta recolección, volver a su logia a contar a sus hermanos los descubrimientos realizados.
  3. El equilibrio del Maestro
    En este escalón se reconoce que el francmasón ya ha transitado por el lado más oculto de la introspección y por el lado más claro de la explicación de las cosas que suceden en el mundo exterior; estas dos perspectivas han de ser conciliadas porque forman parte irremediable de la vida. Esta visión completa es la conciliación de los contrarios, la valoración positiva de lo interior y de lo exterior, de lo espiritual y de lo social: la visión total de un maestro cabal.

La Iniciación

¿Quién soy? ¿Cuál es el sentido de mi vida? Son preguntas que los humanos nos hemos hecho y seguimos haciéndonos. Es el primer paso para encontrar, gracias a herramientas como la ciencia, la filosofía y la religión, principalmente, distintas respuestas que aclaran nuestra complejidad.

Sin embargo, incluso imaginando respuestas a través de estos caminos de conocimiento, no todo está resuelto. Cuanto más evolucionamos, más enigmática resulta la existencia: en cierta medida siguen con nosotros la incertidumbre, el desconcierto y una cierta sensación de fracaso. ¿Y qué responde la Masonería a estos interrogantes?

Partiendo del hecho de que la Francmasonería comparte con todo grupo humanista, con todo pensamiento filosófico y credo religioso el vasto campo de los valores éticos que constituyen el cimiento de todos ellos, la Masonería aporta un aspecto que la hace única y diferente: la Iniciación.

A través de la ceremonia de Iniciación, de su ritual, palabras y símbolos, se pone en marcha una actitud de búsqueda que hace que la persona que es iniciada se vaya transformando en la medida en que va profundizando en el conocimiento. Y es que todo cambio tiene como base un proceso de búsqueda y hallazgo.

La Iniciación no confiere ningún secreto, pero sí incita a descubrir por uno mismo. Tampoco comunica la verdad, que la Francmasonería no posee, sino que nos pone ante el “Conócete a ti mismo” de la tradición por medio del símbolo. El conocerse a uno mismo sugiere el comienzo de un hombre nuevo cuya consecuencia lógica es ser consciente de ese tránsito. La Iniciación es, pues, el inicio de un largo viaje por el espíritu y el conocimento humanos.

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